El primer día de clase del maestro.

24 de mayo de 1995. En Brescia, ciudad que pertenece a la Lombardía, se avecinaba un milagro. Andrea Pirlo contaba con 16 años, dos piernas y el cerebro más desarrollado de Italia. Ese fue su punto fuerte desde bien joven, su cabeza le sirvió para escribir su historia y la de todo un país.

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