QUIERO QUE SEPAS

No trates de atraerme con tu mirada. Puede que te arrepientas, o puede que el que se arrepienta sea yo. Además, no estoy dispuesto a pasar por lo que he pasado en ocasiones anteriores. Y eso que tengo mucho que ganar y poco que perder. Así que puedes estar tranquila; yo tampoco te miraré. Aunque si lo hago, siempre tendré la disculpa de que lo hacían las cervezas.

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LA FUGACIDAD DEL DESEO

Una vez, un amigo mío me preguntó qué era para mí el deseo. La verdad; no supe que contestarle, me quedé en blanco y acudí a un diccionario para ver cómo lo definía. Sobre el deseo ponía algo así como: Fuerte inclinación de la voluntad hacia el conocimiento, consecución y disfrute de algo. Bajo mi punto de vista, me parece una definición bastante vaga para una palabra tan potente como es el deseo.
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AUNQUE NO TE ESCRIBA

Hubo un tiempo, en el que antes de acostarme te mandaba mi último mensaje. Un último mensaje, con un tono distendido diciéndote ¡Buenas Noches!. Ya no lo hago. Y no porqué no quiera hacerlo, porque en realidad te deseo noches magníficas, sino porque hay otra persona a la que besan mis labios.

No es una cuestión de más o menos, jamás creí en las mediciones; es una cuestión de principios, de respeto y de educación. Por eso, aunque no seas la persona a la que escriba cuando acabo la jornada, te deseo buenas noches hasta el final de tus días.

Tampoco me he olvidado de tí porque no te escriba. Es más, recuerdo todos los momentos que pasamos felices: viendo las estrellas, comiendo, viajando…incluso tomando una taza de café. Esas cosas no se olvidan aunque no te lo demuestre en un mensaje. Al igual que tampoco podré olvidar tu cara, tus gestos, tu forma de ser. Es algo que se queda grabado por triplicado: en el corazón, en la cabeza y en el alma.

Y que no te escriba no quiere decir que no te eche de menos. Algunas noches te echo de menos. Aunque sean míos otros besos, aunque duerma con otra persona en un colchón diferente; siempre hay algún momento en el que echarte de menos. Porque eso es lo que sucede cuando has querido a alguien, cuando has amado a alguien. Se llama nostalgia y creo que es algo bueno.

Ayer te escribí y no para decir ¡Buenas Noches!, sino para decirte que me caso y que aunque pasen los años, aunque la vida me maree de tantas vueltas; quiero que sepas que sucede en mi vida al igual que muero por saber que a ti te va bien.

Aunque no te escriba. Muy dentro de mí te llevo.

Aún no vendo mi alma al diablo.

Me acogiste en tu regazo, como acogen los árboles los nidos de los gorriones. Supe que te quería desde el primer momento que vi tus ojos. Una mirada. Un beso. Dos formas, completamente diferentes, para expresar todo lo que te he querido y todo lo que te quiero.Jamás dejaré de hacerlo, que se te grabe de tal forma que no se te olvide. Es cuestión de principios. Es cuestión de quererte.

Puede que dejemos de compartir el mismo colchón. Ese que un día tuvo impregnado tu olor. Mi olor. Los dos a la vez formando uno solo. Pero a veces, las fragancias más fuertes, aunque encajen a la perfección, terminan por empalagar, deshaciéndonos del bote para siempre. Cambiando de colonia, con un nombre diferente a la anterior, pero que tenga los mimos toques; que en su esencia, en la profundidad de sus olores, siga siendo lo que siempre ha buscado. Lo que siempre has querido.

Puede que haya sido por un trozo de pan, por un misero trozo de pan mal colocado encima de la mesa; pero en realidad no solo fue por eso. Venía de atrás. Acumulado, como se acumular las algas en la playa, con las mareas. Al final, acaban por formar una montaña, la cual se derrumba por una simple y suave brisa. El pan fue la muerte del Archiduque Francisco, una chispa que produjo la primera gran explosión.

En definitiva, nos queremos y nos quisimos. El futuro dirá lo que quiera. La cuestión es hacerle caso, pero no mucho. Solamente lo justo, lo suficiente.

Ahora, coge tus maletas; o si quieres ya me voy yo. No es tiempo de vender el alma al diablo, no es tiempo de servirla. Para venderla hay que tenerlo muy claro. Incluso no venderla por mucho que las ganas te lo pidan.

Es hora de seguir luchando.

50 motivos por los que sonreír todos los días

En el mundo en el que vivimos, el valor que se le da a las cosas depende de cuánto te hayan costado. Es decir, existe un componente económico, mediante el cuál unas cosas tienen más importancia que otras. Por lo tanto, según el sistema en el que estamos inmersos, cuanto más ricos seamos más posibilidades tendremos de ser felices.

Eso no corresponde muy bien con la realidad. Una realidad que algunos, con intereses económicos, intentan distorsionar porque les conviene; provocando, de esta forma, el convencimiento de muchos acerca del dinero…pero ¿no es acaso mas valioso tener motivos por los que sonreír, por los que tomar la vida con felicidad y positividad? ¿alguien nos ha enseñado alguna vez que tenemos un millón de motivos para sonreír? A continuación os propongo 50 motivos por los que sonreír.

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