Aún no vendo mi alma al diablo.

Me acogiste en tu regazo, como acogen los árboles los nidos de los gorriones. Supe que te quería desde el primer momento que vi tus ojos. Una mirada. Un beso. Dos formas, completamente diferentes, para expresar todo lo que te he querido y todo lo que te quiero.Jamás dejaré de hacerlo, que se te grabe de tal forma que no se te olvide. Es cuestión de principios. Es cuestión de quererte.

Puede que dejemos de compartir el mismo colchón. Ese que un día tuvo impregnado tu olor. Mi olor. Los dos a la vez formando uno solo. Pero a veces, las fragancias más fuertes, aunque encajen a la perfección, terminan por empalagar, deshaciéndonos del bote para siempre. Cambiando de colonia, con un nombre diferente a la anterior, pero que tenga los mimos toques; que en su esencia, en la profundidad de sus olores, siga siendo lo que siempre ha buscado. Lo que siempre has querido.

Puede que haya sido por un trozo de pan, por un misero trozo de pan mal colocado encima de la mesa; pero en realidad no solo fue por eso. Venía de atrás. Acumulado, como se acumular las algas en la playa, con las mareas. Al final, acaban por formar una montaña, la cual se derrumba por una simple y suave brisa. El pan fue la muerte del Archiduque Francisco, una chispa que produjo la primera gran explosión.

En definitiva, nos queremos y nos quisimos. El futuro dirá lo que quiera. La cuestión es hacerle caso, pero no mucho. Solamente lo justo, lo suficiente.

Ahora, coge tus maletas; o si quieres ya me voy yo. No es tiempo de vender el alma al diablo, no es tiempo de servirla. Para venderla hay que tenerlo muy claro. Incluso no venderla por mucho que las ganas te lo pidan.

Es hora de seguir luchando.

50 motivos por los que sonreír todos los días

En el mundo en el que vivimos, el valor que se le da a las cosas depende de cuánto te hayan costado. Es decir, existe un componente económico, mediante el cuál unas cosas tienen más importancia que otras. Por lo tanto, según el sistema en el que estamos inmersos, cuanto más ricos seamos más posibilidades tendremos de ser felices.

Eso no corresponde muy bien con la realidad. Una realidad que algunos, con intereses económicos, intentan distorsionar porque les conviene; provocando, de esta forma, el convencimiento de muchos acerca del dinero…pero ¿no es acaso mas valioso tener motivos por los que sonreír, por los que tomar la vida con felicidad y positividad? ¿alguien nos ha enseñado alguna vez que tenemos un millón de motivos para sonreír? A continuación os propongo 50 motivos por los que sonreír.

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