Persona errante

Acababa de llegar a casa. Colocó su chaqueta de pana en el perchero de la entrada, apoyó el maletín de piel en la mesa del comedor y se quitó los zapatos, que le habían regalado un mes atrás, apartándolos de una patada, mostrando así que su día no había sido de los mejores.
En la cocina le esperaba una sorpresa: una tarta de fresas y chocolate, con florecillas comestibles y nata en cantidades industriales.

-¡Qué mejor forma de llegar a casa tras un agotador día de trabajo! –pensó en voz alta-.

Tras dar vario mordiscos a aquel manjar, Manuel se dio cuenta de que había una carta al lado de la tarta. La carta rezaba así:
Hola Manuel, o quizás deba decir ¡Adiós Manuel! Son muchos los días que paso en ausencia de ti. Tú y tu trabajo han acabado con todo. No queda nada. Me he ido a casa de mi madre. ¡Adiós Manuel, Adiós!

Manuel se quedó atónito y tras varios segundos pensando lo que había leído, decidió coger de nuevo la cuchara y seguir comiendo hasta reventar. Yo no tenía nadie con quien compartir.

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