Mike

Su padre tuvo un sueño: completar la ruta 66 en coche desde Chicago hasta Los Ángeles. Una ruta que discurre por todo el país y que no pudo completar debido a que la parca llamó a su puerta de forma repentina

John lleva más de 1500 millas recorridas. Mucho combustible consumido y poco dinero en la cartera, pero nada podrá con su capacidad para acabar las cosas que empieza. Un día en Arizona y el horizonte se hace cada vez más grande.

-Aquí John, aquí John. ¿Alguien que esté aburrido me puede dar conversación? Llevo muchas millas viendo la misma carretera y estoy medio dormido. Cambio.

-Hola John. Aquí Michael. Cambio.

-Hola Michael -respondió extrañado-. ¿Estás en carretera? Cambio.

– Si, llevo bastante tiempo en carretera. Muchas horas viendo siempre lo mismo. ¿Dónde te encuentras ahora?

– Estoy en Arizona. Llevo un día por aquí. Todo es igual, como si se quedara el tocadiscos pillado con la misma canción. Cambio –contestó con un tono de cansancio.

– Suelo ir mucho a Arizona. No hay día que pase, que no me acuerde de los momentos que pasé con mis hijos, cuando eran pequeños, en Phoenix. Por cierto, uno de ellos se llama igual que tú: John. Cambio.

– Bonito nombre. Me lo pusieron por un tío mío que falleció el mismo día que nací. Tú nombre también me resulta familiar, mi padre se llama Michael. Bueno, se llamaba. Cambio –enmudeció de repente-.

-Lo siento John. Seguro que tu padre te quiso mucho y te sigue allá donde estés. Cambio.

-Por él estoy en Arizona. Cumpliendo su sueño. Quiso realizar la ruta 66 pero murió hace dos años. Ahora quiero acabar el recorrido por él y por mí. No concilio bien el sueño desde que falleció. Cambio.

– ¿Tienes hijos, John? Cambio.

– Sí, una hija. La quiero más que a mi vida. Es mi tesoro.

– Pues aprovecha cada momento que pases con ella. Yo, por ejemplo, observo a mis hijos sin que ellos se den cuenta, les digo que les quiero y que nunca en la vida me voy a separar de su lado. Son lo mejor que he tenido. Cambio.

– Pues la verdad es que sí. Nadie puede explicarlo con mejores palabras. Vida solo hay una y tiene final. Los momentos se acaban –comenzó a caer una lágrima por su rostro, recordando a su padre-. ¿Dónde estás tú, Michael? Cambio.

– Me dirijo a Phoenix. Cambio.

– Por la noche llegaré yo a Phoenix. Si no te importa, podemos quedar para tomar una buena cerveza. Cambio –respondió ilusionado-.

– No tendré tiempo. Con la misma tengo que marcharme de la ciudad. Me necesitan. Cambio.

-¿Quién te necesita, Michael? Cambio.

– Mamá.

El silencio más profundo del mundo se apoderó del coche. Fueron los segundos más largos de la vida de John.

– Cuando llegues a casa, dile que la quiero y que os veo todos los días. Fuera. -musitó Michael-.

La radio dejó de funcionar.

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